DISIMULANDO

Despistes Normales, Y No tan normales.
La carita que no se ve

DISIMULANDO

Durante unos días, en los que mi palabra más repetida era Eutanasia, cuando podía a grito vivo, y cuando ya no tenía fuerzas para gritar, en plan mantra, he reflexionado, sin buscarlo, sobre la importancia que tienen en la vida cotidiana los despistes.

En cómo puede reaccionar la persona que los tiene derivados de una  enfermedad,  o de un síntoma (la fibroniebla), o de los efectos secundarios de algún medicamento, o por la pérdida prematura de facultades….

Cuando esa persona, a veces, comparte esta preocupación con el mundo exterior, cómo podría esa persona reaccionar a los comentarios ajenos con respecto a esos despistes (constantes o garrafales, o ambas cosas),

Los comentarios son de todos los colores…, como diría mi hermana: “Opiniones,  como los culos, todos tenemos uno”. Parece una simpleza de frase, pero es casi una evidencia científica.

Cuando sale el tema, o te preguntan, y  cuentas que cada vez te notas la cabeza más ida y que crees que estás perdiendo capacidades mentales, te pueden empezar a decir eso de: “Todo el mundo tiene despistes” y también eso de, “Bueno, si YO te contara que ayer me volví a olvidar  la mascarilla en casa”….. Puede que por dentro Tú estés pensando varias cosas a la vez o te decidas por alguna de estas opciones:

1.- Puedes pensar para ti: Puedo distinguir entre despistes normales y preocupantes, ¿¿sabes?? Una cosa es salir sin mascarilla, pero lo que me pasa se parece más a salir sin la cabeza en lo alto del cuerpo….

Porque muchas personas pueden pasar por épocas de mucho estrés, grandes preocupaciones que casi te absorben, enamoramientos, abuso de drogas…, mil temporadas en las que puedes estar más despistada, en la que no das pie con bola, en la que duermes mal y vas un poco zombie por la vida.

Precisamente por haber pasado por esos estados, el Estrés como primera pandemia de los tiempos modernos, creo que diferencio un despiste tal cual, y lo que parece perder la noción de la realidad.

Sentir que estás y respiras, y saber dónde estás y saber que respiras …, y ya no mucho más…

Tu encéfalo lucha por estar activo, o relajado, pero no puede.

Y te dicen: “ Eso nos pasa a todos. El otro día a mí se me olvidó dejar el carro de la compra en su sitio junto a los otros carros.  Y tú pensando mientras: “Para ir a la compra, yo  necesito hacer una lisa precisa y el 90% de las veces se me olvida que llevo la lista de la compra en el bolsillo”.

Y podrías narrar, los mil episodios de lo que son para ti estos DESPISTES, los gordos, los no normales, los no aceptables, los que te están jodiendo.

Ejemplos de estos Despistes:

  • Uno chungo: Hacer el mismo trayecto durante 5 años, todas las semanas, al fisioterapeuta, y un día aparentemente normal, ponerte a andar, pasarte de parada y acabar cogiendo otro autobús que te planta en la otra punta de tu ciudad antes de darte cuenta.

(y cuando te das cuenta, te enfureces, te acobardas, te da la llantina, te mosqueas, te ríes por no llorar.)

  • Otro ejemplo. Las sartenes.

También muy normal. Una vez, bien, dos, vale si ibas un poco piripi, pero…,

¿hasta el punto de que tu familia te ponga una orden de alejamiento de la cocina porque se te olvida que tienes el fuego encendido y arden cacerolas cada dos por uno?

Que sólo hay una forma de cocinar cuando sufres ciertos estados mentales: Plantarte de pie frente a la olla mirándola, sin hacer NADA MÁS. Si te aventuras,  coges el teléfono, o  aprovechas para arreglar algo, o te vas un momento al baño….olvídate… puede que no te acuerdes que estabas con las manos en la masa,  hasta que no oigas atisbo de tragedia en la cocina o la casa huela a incinerador profesional.

Si escribiese un libro de recetas, todas empezarían igual: “primero se queman los ajos…”

                                                                  ,

  • Los Despistes en el baño: Extremadamente frustrantes.

Algunos de los suaves:Limpiarte la cara mientras respiras y dices en voz alta, “humedecer el algodón en tónico”, “humedecer el algodón en tónico”, humedecer el algodón en tónico”, y acto seguido notar escozor porque estás aplicando a tu rostro  el quitaesmalte de las uñas….

Terminar de ducharte y al secarte caer en la cuenta de que olvidaste aclararte el pelo de champú…

Aplicarte mascarilla en lugar de jabón y tardar un siglo en aclarar el error…

Estar con unas tijeritas en la mano y no saber si era para arreglarte las uñas, cortarte el flequillo o podar el bonsai.

  • Despistes Cientocinuentamil metros lisos: Este ejemplo también es de los que te hacen pensar que estás perdiendo la capucha.

Recorrer la casa varios millones de veces al día porque no sabes a lo que ibas a una habitación, no sabes lo que estás buscando…, Vivir varios años en la  misma casa y tener que pensar dónde está la llave de la luz…,  Tener 3 pares de gafas repartidas por la casa, en sitios estratégicos y fijos ( Método de supervivencia), y dar mil vueltas por toda la casa sin encontrar nin guna de las tres…

  • Los que dan mucho coraje:

Estar en algún sitio, sintiendo frío, en el cuello, en la espalda…, y renegar por dentro por haberme dejado la chaqueta en casa. Al volver y vaciar el bolso encuentras la chaqueta que SÍ LLEVABAS, pero se te OLVIDÓ que la llevabas todo el tiempo, porque no recuerdas que sí la echaste dentro del bolso al salir.

¿Se me olvidó que la llevaba? Sí. ¿Me tuve que arropar con un mantel con una chaqueta en el bolso porque hacía 2 horas y ya no lo recordaba? Pues sí. Pues sí.

Otra de este grupete: Apuntarte en la agenda, en el pos it de la nevera y en el móvil, que tienes cita con el médico, por ejemplo.

Y suenan las alarmas, y recuerdas la hora, y aun así, sin saber cómo…. en serio que es sin saber cómo…te plantas una hora antes en la clínica…… porque…no sabes por qué… pero estás una hora. Incluso en esas ocasiones, para rozar lo pre demente, coges un taxi para llegar a tu hora en punto (+ 1 hora de espera).

2.- Puede darte por pensar otra cosa:

¿“por qué te comparas conmigo?” no tengo ningún interés en que mi cabeza funcione igual o peor que la tuya. Me encantaría poder hacer todas las cosas que mi imaginación y mi alma desean, y si explico esto es porque, en serio, No, No son como tus despistes….

Y además, las comparaciones son odiosas. Siempre me acuerdo de mi amiga Jennyfer de los Dolores y de una conversación entre dos clases. Yo le contaba mi impacto por los datos de hambruna en Etiopía, y ella, después de un rato escuchándome atentamente me dijo: “Tienes razón, es una tragedia, pero tengo que desahogarme yo también: Ayer me puse uñas de gel y ¿ves? El meñique les ha quedado torcido”.

Desde entonces supe, que sí, que podemos empatizar mucho, pero nos duele lo que nos toca directamente, entendemos mejor lo que nos toca directamente, y en el fondo, las preocupaciones son libres y, por tanto, igual de honrosas.

Si en este punto aún está el tema pesadito, y siguen con el “porque yo” “porque a mí también me pasan esas cosas, mujer…”, en tu fuero interno piensas en sacar la foto de la  citación del Hospital:  > Neurología, Especialidad Demencias <,  y decir a quien te da la lata: Ojalá no tengas nunca un papelito de estos…

Normalmente puede la flojera, el hastío, las ganas de cambiar de tema o darte cuenta que tienes un muro en forma de ser humano delante de ti, y decides ahorrar tiempo y esfuerzo y no contar que eres un paciente de la Especialidad de Demencia Precoz.

3.- O también, puede que te cabrees o que te de una profunda tristeza

Y que se te pase por la mente: “me gustaría no haberlo contado” porque al final, “maja que mala estoy pues anda que yo estoy igual o peor” y es un bucle absolutamente inútil

La opción del cabreo o la decepción fue desechada hace tiempo por razones como explicar algunas cosas difíciles de entender (empezando por mi) y a veces te da tristeza o flojera repetirte una vez más y que la conversación que tienes VUELVA a girar en torno a tu enfermedad.

Porque cualquier sentimiento negativo influirá en sentirte peor, que te duela más, que te reste un pedacito de escalón… y no se puede permitir, porque cada peldaño hacia arriba que es el propio bienestar es una conquista.

Porque quizás, si la tortilla se hubiese dado la vuelta, serías tú el que estarías intentando quitarle hierro al asunto diciendo esas cosas…

4.- La opción elegida: La máscara de hierro. No se ve, y va justo debajo de la actual y extendida mascarilla anti Covid.

Te pones la máscara, la que te oculta del mundo, y Sonríes, para adentro o para afuera, o ambas cosas, dependiendo del día, y piensas…. “Venga, va, No pasa nada…”

Es la única opción que permite mirarte al espejo, no a los ojos, pero al menos al espejo, y continuar tu día sin contarle a nadie que, en realidad, ya existía un texto para este blog, que estaba en el ordenador… pero que no aparece después de varias horas buscándolo.

Quizá lo eliminé, lo perdí, llovió en la nube que lo guardaba, lo borré…imposible recordar… así que máscara de pestañas, disimulando y tratando de esquivar la rabia de no poder compartir lo que perdí en uno de mis “despistes”.

Perder la cabeza

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